abril 26, 2010

Introducción: enfermería, una profesión de servicio

Posted in Uncategorized a 5:25 pm por fibrilando

La profesión de enfermería, a través de la historia, se ha caracterizado por la capacidad para responder a los cambios que la sociedad ha ido experimentando y en consecuencia, a las necesidades de cuidado que la población y el sistema de salud han ido demandando. Desde siempre la enfermera(o) ha cuidado a las personas apoyándolas en las circunstancias en las que su salud puede de verse afectada y en las cuales no pueden responder de forma autónoma o, promoviendo la salud y previniendo la enfermedad de los individuos sanos.

Con el tiempo la enfermería ha ido consolidando el objeto su hacer – el cuidado – a través del desarrollo del arte, la ciencia y la tecnología, pues como lo expresaba metafóricamente Dock- Stewart en 1925: “corazón, manos y cabeza – alma, habilidad y ciencia – se fueron uniendo firmemente para asentar los poderosos cimientos de la enfermería moderna”, cimientos que hoy la profesión concibe como aspectos ético – legales, científico- técnicos y prácticos.

“Todas las profesiones tienen muchas cosas en común, sirven para ‘algo’, pero no todas sirven a ‘alguien’, entendiendo siempre que ese alguien se refiere al ser como individuo”, con sus componentes biológicos, psicológicos, sociales, culturales y espirituales. La enfermería se ha caracterizado por ser una profesión de servicio, para ello debe desarrollar y fortalecer actitudes, aptitudes y valores que involucran el ser y que deben acompañar su hacer; esperándose así, un enfermero(a) reflexivo, crítico, comprometido, humanista, solidario, respetuoso, honesto, creativo, participativo y responsable para atender a las personas en un sistema de atención en salud que trata de atender las necesidades de los pacientes y sus familias. puede verse afectada y en las cuales no pueden responder de forma autónoma o, promoviendo la salud y previniendo la enfermedad de los individuos sanos.

Con el tiempo la enfermería ha ido consolidando el objeto su hacer – el cuidado – a través del desarrollo del arte, la ciencia y la tecnología, pues como lo expresaba metafóricamente Dock-Stewart en 1925: “corazón, manos y cabeza – alma, habilidad y ciencia – se fueron uniendo firmemente para asentar los poderosos cimientos de la enfermería moderna”, cimientos que hoy la profesión concibe como aspectos ético – legales, científico- técnicos y prácticos.

“Todas las profesiones tienen muchas cosas en común, sirven para ‘algo’, pero no todas sirven a ‘alguien’, entendiendo siempre que ese alguien se refiere al ser como individuo”, con sus componentes biológicos, psicológicos, sociales, culturales y espirituales. La enfermería se ha caracterizado por ser una profesión de servicio, para ello debe desarrollar y fortalecer actitudes, aptitudes y valores que involucran el ser y que deben acompañar su hacer; esperándose así, un enfermero(a) reflexivo, crítico, comprometido, humanista, solidario, respetuoso, honesto, creativo, participativo y responsable para atender a las personas en un sistema de atención en salud que trata de atender las necesidades de los pacientes y sus familias.

Al hablar de enfermería como servicio al ser humano, sano o enfermo, la práctica cotidiana dirige su labor hacia el individuo, la familia y la comunidad, en los diferentes escenarios en los que se desarrolla. Para lograrlo, la enfermería debe apoyarse en las ciencias biológicas, sociales, humanas y la disciplina de la ética, para favorecer el desarrollo armónico del ser hu mano en sus diferentes espacios, fortalecer y reformar sus capacidades y potencialidades del cuidado de su salud y del logro de sus aspiraciones de vida y bienestar.

Así mismo, la enfermería define sus actividades y realiza investigación desde la práctica, apoyada en la base teórica, y la relación práctica –teórica debe retroalimentarse en el día a día. El poseer un cuerpo de conocimientos especializado, permite ser aplicado a la resolución de los problemas del paciente, a través de la utilización del Proceso de Atención de Enfermería o de teorías y modelos conceptuales existentes, que le dan autonomía al profesional para orientar sus funciones asistenciales, docentes, investigativas y administrativas.

En respuesta a las necesidades de cuidado y políticas de salud cambiantes, el perfil de formación del profesional de enfermería debe ajustarse a la realidad, para poder satisfacer las necesidades de los individuos y las comunidades. Para ello, el Consejo Interna Internacional de Enfermería (CIE) ha clasificado las funciones de la enfermería en cuatro áreas: promoción de la salud, prevención de la enfermedad, recuperación y mantenimiento de la salud y alivio del sufrimiento.

A la Enfermería, como profesión de servicio a las personas, le corresponde el diagnóstico y tratamiento de las respuestas humanas a los problemas de salud presentes o potenciales. Pa ra llevar a cabo estas actividades se ha apoyado en el proceso de atención de enfermería, ya que es un método que ayuda a los profesionales a emplear sus conocimientos, solucionar problemas, desarrollar su creatividad y tener presente el aspecto humano de su profesión.

Este método tiene como objetivo proporcionar cuidados de enfermería individualizados, y permitir la interacción con el sujeto de cuidado en forma holística, es decir, en sus dimensión biológica, psicológica, socio-cultural y espiritual. Lo anteriormente planteado, constituye el ideal del cuidado de enferme ría; pero al relacionarlo con nuestra práctica cotidiana como auxiliares de enfermería con desempeño en el área clínica y profesionales de enfermería en formación, percibimos diferencias entre la relación academia-práctica, dado por diversos factores entre ellos, los lineamientos del actual Sistema General de Seguridad Social en Salud y las políticas de la institución donde se labore.

Dentro de sus propósitos, la academia pretende formar profesionales íntegros que provean cuidado al individuo, inmerso en su esfera biosicosocial. Al llegar al mercado laboral, las institucionesprestadoras de servicios, en respuesta a las políticas de globalización y competitividad, han asignado al enfermero(a) múltiples funciones que lo han alejado del cuidado directo, teniendo que delegar sus funciones en muchas ocasiones al personal auxiliar.

En la actualidad, la enfermera que se desempeña en el área asistencial está perdiendo cada vez más la esencia de su quehacer, atribuido principalmente a tres factores: sobrecarga laboral, pérdida de la identidad profesional y rutina en su desempeño. En algunas instituciones, la sobre carga laboral, está dada por la asignación de diversas tareas que responden en su mayoría a políticas económicas de la institución y no a las necesidades de cuidado de los pacientes que de mandan los servicios. La enfermera es en la actualidad ad ministradora, cui dadora, jefe de personal, secretaria, comunicadora, relacionista pública, conciliadora y educadora, entre otros.

Algunas de estas funciones no le competen a la enfermera(o), pero han sido asignadas por las instituciones. Sin embargo, hay funciones propias de la enfermera que no deberían ser delegables, especialmente en la asistencia, ya que la enfermera(o) posee los conocimientos que la acreditan para realizarlos con raciocinio y criterio.

El cumplimiento de diferentes funciones que alejan a la enfermera cada vez más del cuidado al paciente, ha conducido a un mayor deterioro de la identidad profesional, agravado por la falta de agremiación, de solidaridad y de integración del conocimiento ético, político, cultural, científico y legal, en el ejercicio de la profesión. La rutina, aspecto común en el ejercicio de algunos profesionales limita la capacidad de raciocinio, la creatividad y la realización de un proyecto de mejoramiento continuo.

Los factores enunciados, han influenciado para que la enfermería pierda la esencia como profesión de servicio a las personas. Se espera, según lo expresado por Beatriz Sánchez, que la enfermera visualice como objetivo de su trabajo sacar a la luz su capacidad crítica y reflexiva, conducida por procesos de formación integral y desarrollo humano, educación con visión universal y en formación de valores; a través de cualquier expresión de la práctica que basada en el objeto de la enfermería se traslape a todos los ámbitos de la salud. Por otro lado, para recuperar el cuidado, la enfermera debe incorporar estrategias como la autoevaluación, el desarrollo de cualidades propias, la reevaluación de su plan de trabajo y la creación de una visión propia, que le permita asumir un compromiso individual y colectivo dentro de un con texto amplio y dinámico, para que tome y genere autonomía en la prática.

“Se necesitan profesionales no para hacer enfermería, sino por el con trario para “ser” cada día mejores enfermeros” y ser como lo señala Alber di grandes en el arte, en la polí tica, en la ciencia y el negocio del cuidado.

Para concluir, la enfermera como profesional al servicio de las personas, debe desarrollar el pensamiento crítico y las habilidades comunicativas para ofrecer a los sujetos de atención, un cuidado integral e integrador que los conduzca al alcance del más alto nivel de armonía y bienestar; y debe reconocer que el cuidado es su deber y es el derecho de las personas que demandan sus servicios.

Fuente: Artículo “La enfermería una profesión de servicio”

Las enfermeras pueden recetar fármacos

Posted in Uncategorized a 5:09 pm por fibrilando

El Congreso de los Diputados aprobó ayer 22/12/2009 de forma unánime una modificación de la ley de uso racional del medicamento que permitirá a enfermeras y podólogos firmar las recetas de los fármacos y productos sanitarios que utilicen o indiquen a los pacientes.

Esta medida les proporcionará seguridad jurídica en muchos de los actos sanitarios que ya realizan. Los productos que podrán recetar enfermeras y podólogos no están sujetos a prescripción médica, es decir, no se tratará de fármacos que precisen la indicación de un facultativo, sino de analgésicos, antitérmicos, antitusígenos, pomadas y vendajes que ahora se consiguen en la farmacia sin receta.

El presidente del Consejo General de Enfermería (el organismo que representa a todos los colegios profesionales de España), Máximo González, celebró la vía libre a la receta de enfermería.

NO ES INTRUSISMO / «Hasta ahora, las enfermeras han cometido una ilegalidad cada vez que curaban una herida con un medicamento no recetado por un médico, cuando administraban un analgésico a un enfermo o al inyectarle una vacuna de la gripe sin indicación individual de un facultativo –afirmó González–. Todos esos actos están tipificados como supuesto delito de intrusismo profesional».

El colectivo de enfermería se ha mostrado dispuesto en múltiples ocasiones a prescribir productos derivados de su actividad, pero siempre ha exigido que previamente se legalice esa función.
La regularización de las funciones de las enfermeras supondrá un estímulo para estas profesionales y un reconocimiento de su formación y capacidad, indicaron fuentes del sector.

Los colegios de médicos se habían mostrado reticentes a que la enfermería disponga de talonario de recetas, una objeción que siempre ha sido contestada por dichas profesionales indicando que los productos que manejan no son fármacos de prescripción médica. Las nuevas atribuciones de las enfermeras aligerarán la saturación de las consultas médicas.

Fuente: El Periódico

Enfermería como profesión

Posted in Uncategorized a 3:00 pm por fibrilando

El concepto de profesión, es habitualmente asociado en el colectivo social a un título que es obtenido a través de estudios superiores. Sin embargo, el término requiere mayor análisis desde su concepto, evolución histórica y de este modo lograr comprender como se fue perfilando una profesión dentro de la sociedad.

Según la definición del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, profesión proviene del latin professioonis acción y efecto de profesar. Empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución.Cortina y Conill han definido el concepto como una actividad social cooperativa, cuyo objetivo final es proporcionar un bien social especifico e indispensable.

Las profesiones surgen en las sociedades modernas a partir del siglo XVIII. Dinwall realiza un análisis de los postulados de Smith, y destaca que las ocupaciones se refieren a trabajos comunes que requieren ciertas habilidades manuales, diferenciándolas de las profesiones, éstas últimas se establecen, entre otras causas, fundamentalmente por la confianza que detentan a la sociedad a las que prestan sus servicios. La mayoría de los factores que influenciaron este reconocimiento de ocupaciones en profesiones, fueron entre otras; el modelo económico neoclásico, la cantidad de inversión necesaria para adquirir habilidades y juicio especial, la continuidad del empleo y la probabilidad de éxito.

Las profesiones corresponderían a un grupo especial de ocupaciones, donde el carácter moral es distintivo junto a una respetable reputación pública, y se demanda honradez de quienes la profesan, basándose fundamentalmente en una relación de confianza. Más tarde ésta se sustentó en una especie de convenio o contrato de servicios. Con el tiempo otras ocupaciones fueron reconocidas como profesiones, determinado por el nacimiento de organizaciones, corporaciones o gremios cuya actividad dominaba un área determinada del mercado, relacionado esto directamente con la división y especialización laboral. Dinwall establece además que, el estatus asociado más tarde a la profesión fue determinado por la influencia ejercida en el manejo del orden social, es decir, establece la connotación y consecuencias sociales de su ejercicio.

Las profesiones como actividades sociales organizadas implicaban la realización de operaciones intelectuales, las que se adquirían a través de la ciencia y de la instrucción.
De tal modo, las profesiones tal como son concebidas actualmente se estructuraron en base a la segmentación de la producción del conocimiento y de reglamentar su propio ejercicio, respaldado por la formación formal académica, perfilándose como estructuras sociales autónomas y legítimas.

El concepto de profesión asociado al desarrollo de la sociedad, ha determinado la identificación de varios campos laborales que al cumplir con ciertas características son reconocidos entonces como profesión. La enfermería como profesión se fue perfilando a través de los años. La suposición de que enfermería es un arte innato a cualquier mujer ha obstaculizado el desarrollo de un concepto de enfermería como profesión. Para comprender esto, debemos hacer una breve revisión histórica del desarrollo de los cuidados en la sociedad, tan antiguos como el hombre mismo, y su asociación con el desarrollo de la enfermería.

Según Colliere, los cuidados durante millares de años no fueron propios de un oficio, ni menos de una profesión determinada. Estaban ligados a la mujer, históricamente vinculados a las actividades de cuidar la vida y preservar la especie, en cambio los hombres eran asociados a actividades relacionadas a la defensa y salvaguardar los recursos.

Los cuidados eran dirigidos al cuerpo en forma global, es decir, cuerpo y espíritu. Posteriormente con la llegada del cristianismo se da supremacía al espíritu, aparecen las mujeres cuidadoras consagradas. Después de la edad media, los cuidados serán ejercidos por mujeres de clase baja y de dudosa reputación. En este período todas las labores relacionadas al cuidado eran consideradas una ocupación inferior e indeseable.

Con el avance de la ciencia, las nuevas tecnologías en el ámbito médico hicieron necesarios más colaboración, surgiendo el concepto de mujer cuidadora- auxiliar del médico, cuya labor estaba apegada en estricto a las indicaciones médicas. Los conocimientos adquiridos por las cuidadoras en ese entonces eran transmitidos por los médicos, fundamentalmente en áreas de patologías y diversas técnicas. El estilo de pensamiento se acercaba al religioso, en un intento de recuperar la imagen cristiana de los cuidados de antaño, reforzando un modelo vocacional y disciplinar del ejercicio del quehacer.

Es en este contexto donde surge la enfermería como profesión incipiente con Florence Nightingale, quien establece las bases de una formación formal para enfermeras. Esta se realizaba en hospitales con instrucción entregada por médicos. Las candidatas eran sometidas a un estricto sistema de selección de disciplina y calidad moral. Con este sistema Florence eleva la condición de cuidadora tan deteriorada hace algunos años. Sin embargo, éstas limitaban su quehacer a las estrictas instrucciones médicas, sin evidenciar autonomía en este desempeño.

Aunque muchos autores se refieran a las mujeres cuidadoras en las diferentes etapas de evolución del cuidado como enfermeras, las autoras del presente artículo no comparten esta postura, y consideran que la enfermería nace como tal en la época de Florence Nightingale. Desde esta época inicial de enfermería, han acontecido hechos que han determinado la consideración social de enfermería como una profesión más.

A esta altura las autoras consideran pertinente realizar un análisis de enfermería como profesión, basado en lo señalado por Ellis y Hartley, quienes en 1997 propusieron siete características de las profesiones.

1. Respecto a tener un cuerpo definido y organizado de conocimientos intelectuales que puedan ser aplicables a la actividad del grupo. Algunos autores cuestionaban hace algunos años si enfermería poseía un conjunto de conocimientos propios. Si bien es cierto, enfermería adquiere conocimientos de otras disciplinas, se ha logrado en base a éstos, establecer un cuerpo de conocimientos, representados en teorías y modelos que sustentan el quehacer. Hacia 1950 se había generalizado la idea de establecer un cuerpo de conocimientos y el desarrollo de una base científica de enfermería, así en 1952 Peplau desarrolla la primera teoría del ejercicio profesional de enfermería. Posteriormente Orlando en 1961, aporta una teoría de las comunicaciones, más tarde continúa la necesidad de contar con teorías y poder desarrollarlas. Surgió de este modo varias teorías y modelos conceptuales, de diversos autores tales como; King, Roy, Rogers, King, Orem y Newman, entre otros.

2. Respecto a la utilización del método científico. El proceso de atención de enfermería es el resultado de esfuerzos que comenzaron a realizarse a mediados del siglo veinte. Este proceso consiste en la aplicación del método científico, como método sistemático que permite fundamentar la práctica de los cuidados, en pos de mejorar la atención brindada a las personas. Primeramente, Hall en 1955 identifica a la enfermería como a un proceso dirigido a cuidar a las personas. En la siguiente década Orlando propone lo que es considerado una formulación embrionaria del proceso de enfermería, otras autoras como Windenbach definen el propósito de este método. En 1966 Knowles explicita las etapas del proceso, las que fueron definidas finalmente por la escuela de Enfermería de la Universidad Católica de Colorado, y consideró las etapas del proceso de enfermería tal como actualmente conocemos; valoración, planificación, ejecución y evaluación.

3. Formar los profesionales en instituciones de alto nivel educacional. Florence Nightingale desarrolló el primer programa organizado de formación para enfermeras, en 1860 en la llamada Nightingale Training Schoool for Nurses, unida al St. Thomas`s Hospital. El objetivo de esta escuela era preparar enfermeras de hospital, enfermeras prácticas cuya dedicación fuera la de atender enfermos pobres, y por otro lado enfermeras capacitadas para formar a otras. Los contenidos teóricos eran dictados por médicos y la formación práctica estaba a cargo de una enfermera entrenada. Esta formación de enfermeras sirvió posteriormente de modelo a escuelas de enfermería de todo el mundo.
El sistema Nightingale llega a Estados Unidos aproximadamente el año 1873, y dio continuidad a la formación de enfermeras en hospitales. Posteriormente surgió la tendencia de establecer hospitales universitarios, convirtiendo las escuelas de enfermería en parte del sistema universitario general. Sin embargo continúa la formación de enfermeras en hospitales y en escuelas superiores públicas, lo que contravino las intenciones de convertir la formación profesional en universitaria.

En América Latina la formación universitaria en enfermería es relativamente reciente, comenzó a vincularse a las universidades en la década de los treinta del siglo XX. Junto a esto los procesos de formación de enfermeras han sido muy heterogéneos. Diferentes programas y años de estudios en la formación de enfermeras a nivel mundial, ha sido un factor que ha dificultado el desarrollo de esta carrera en su reconocimiento social como profesión a lo largo de la historia.

En el 2004, un estudio realizado por Castrillón y Lopera sobre la formación de enfermería en pregrado, destacaba que el 75,8% de los programas de pregrado de enfermería estaban vinculados a universidades, cincuenta y seis programas aun estaban vinculados a hospitales y de éstos el 37,5% pertenecen al sector público y el 62,5% al sector privado. La expansión de programas en establecimientos no universitarios obedecía a la proliferación de programas técnicos y de diplomas en enfermería. Otro hallazgo importante fue la diversidad de títulos y modalidades de formación, diferencias de horas asignadas a la entrega teórica y práctica de la formación.

4. Funcionar con autonomía en la formulación del control profesional de sus actividades profesionales. La conquista de la autonomía asegura el derecho a la práctica profesional  y ha sido considerada como un indicador de la profesionalización de la disciplina. La autonomía se asocia a independencia, asumir riesgos y responsabilidad en el quehacer.La marcada dependencia médica desde los inicios de la profesión, desde la era Nightingale, ha constituido un factor determinante en el desarrollo de la autonomía de las enfermeras. Dicha formación poseía una marcada dependencia del médico sobre la atención de salud, y la enfermera debía limitarse a cumplir sus órdenes. Esta situación se evidenciaba en el quehacer en la falta de autonomía de la enfermera, que veía limitado su actuar a las indicaciones médicas. Esto se comienza a superar con la formación de un cuerpo de conocimientos, la aplicación del método científico, la postulación de modelos y teorías que orienten el quehacer y fundamenten la profesión, emergiendo la autonomía de los cuidados de enfermería en el objeto central de estudio, que es el cuidado del individuo o comunidad. En la medida que la enfermera se ha empoderado de los cuidados como su principal propósito, y cuenta con argumentos teóricos, es capaz de perfilar un quehacer autónomo e indelegable. La autonomía y su asociada responsabilidad se evidencian en la legislación de los países que regula el quehacer profesional.

5. Desarrollar un código de ética profesional. El código de conducta en enfermería data desde las escuelas Nightingale, donde era requisito para las postulantes una conducta y disciplina intachables. El primer código de ética en enfermería fue publicado por la Asociaron Nursing American (ANA) en 1950. El Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), adoptó por primera vez un Código internacional de ética para enfermeras en 1953. Actualmente el documento en que el CIE establece las normas y valores de la actividad del profesional de enfermería es el Código deontológico. El Código deontológico del Colegio Internacional de Enfermeras para la profesión de enfermería tiene cuatro elementos principales que ponen de relieve las normas de conducta ética; enfermería y las personas, enfermería y la práctica, enfermería y la profesión y enfermería y sus compañeros de trabajo.

6. Reconocer a la profesión como una contribución a la sociedad por los servicios que presta. Se reconoce desde tiempos de Nightingale la misión humanitaria de las enfermeras. El servicio profesional a la sociedad exige integridad y responsabilidad en la práctica ética y un compromiso social. El compromiso del profesional de enfermería debe ser un compromiso inalienable. La relación de cuidados de enfermería se establece en una relación de confianza, donde el otro deposita su confianza en las competencias del profesional durante la atención. Este compromiso social se ha traducido también en la reconocida participación de enfermeras en problemas que aquejan a la población mundial como son la salud de pueblos indígenas, salud de migrantes, violencia y drogas, entre muchos otros.

7. Realizar esfuerzos para ofrecer compensación a los profesionales por medio de autonomía, desarrollo profesional y seguridad económica. La enfermería a través de sus organizaciones nacionales e internacionales ha realizado grandes esfuerzos por la profesión en estos puntos. El CIE en una declaración revisada el 2007, establece que esta organización tiene la firme convicción de que el desarrollo de la carrera profesional es un importante factor que contribuye a la prestación de unos cuidados de gran calidad a nivel mundial.  Por tanto, el desarrollo de la carrera profesional debe sustentarse en un sistema de formación articulado, unas estructuras profesionales reconocidas y flexibles para que haya posibilidades de movilidad profesional y acceso a oportunidades de espíritu emprendedor y empresarial. Además establece que se deben promover y establecer remuneraciones adecuadas, reconocimientos y ascensos.

Se puede establecer a la luz de los antecedentes expuestos, que enfermería es una profesión joven, cuyas primeras bases se establecen con Florence Nightingale. Esta enfermera reconocida como la “Señora de la lámpara”, consciente de la necesidad de impartir una formación adecuada, estableció un sistema de enseñanza que instauró en esa época a la enfermería como profesión emergente. Hoy con la formación de un cuerpo de conocimientos, la aplicación del método científico, la postulación de modelos y teorías que orienten el quehacer se fundamentan las bases de la profesión, y emerge la autonomía de los cuidados basados en evidencia científica como su objeto central de estudio que es el cuidado del individuo o comunidad.

Durante mucho tiempo la atención de las personas estuvo asociada con una actividad de altruismo mal entendida. Esto se vincula con los primeros cuidados que se otorgaban en forma gratuita, luego como una expresión de caridad y salvación del alma en la era cristiana, posteriormente una forma de pago a una falta en la vida en sociedad, posteriormente muchas enfermeras iniciaron su formación en hospitales, en donde tenían que trabajar gratuitamente con el argumento que se encontraban aún en formación, y el establecimiento les ofrecía entrenamiento práctico y alimentación. Así presentado el gran desafío fue en años posteriores, al establecerse en una profesión de formación formal y por lo tanto esto se debía también traducir en una compensación económica y reconocimiento social.

Podemos establecer que enfermería ha ido evolucionando hasta instaurarse como una profesión, presentando las características definidas por Ellis y Hartley de lo que es una profesión en la sociedad actual.Enfermería se perfila como una profesión desde la era Nightingale. Desde esos años se formaliza la preparación de enfermeras en hospitales, y posteriormente y en forma paulatina es ligada a una formación universitaria.

La necesidad de generar conocimiento basados en el método científico se evidencia en la instauración del proceso de atención de enfermería, y en el desarrollo de modelos y teorías que sustentan el quehacer. Este conocimiento y al delimitar a los cuidados de enfermería en el objeto central de estudio, los profesionales perfilan claramente un quehacer autónomo e indelegable.

El código de ética establecido y reconocido establece las normas y valores de todos quienes profesen a la enfermería como profesión. Ligado a este código, está la contribución que históricamente se ha reconocido a las enfermeras socialmente.Las enfermeras a través de sus organizaciones han luchado porque el reconocimiento social se traduzca en mejores condiciones laborales, oportunidades y remuneraciones para el gremio.

Se puede concluir que enfermería es una profesión joven, y que existen fundamentados elementos para argumentar, que se dispone de las herramientas necesarias para seguir desarrollándose en esta sociedad dinámica, cambiante, global y tecnologizada. Haciendo frente como profesión a los nuevos desafíos con claridad y visión de futuro.

Fuente: Mónica Burgos Moreno. Departamento de Enfermería. Universidad de Concepción.

marzo 22, 2010

La vida, que tiene esas cosas

Posted in Uncategorized a 7:51 pm por fibrilando

Fue por mayo cuando llegué a Madrid, a trabajar como enfermero en el Hospital Ramón y Cajal. Siempre me había gustado el mundo del toro. Me apasionaba ver corridas en la televisión y escuchar a la gente que entendía. Mi abuelo me solía sentar en el sofá de su casa para ver los toros cuando todavía no medía ni medio metro. A mi abuelo le gustaban los toreros valientes. A mí también.

Apenas me lo podía creer el día que una compañera del trabajo me ofreció una entrada para San Isidro. Yo debía imaginar que las entradas las regalaba el empresario de Las Ventas. Ni pensaba que se pudieran comprar con dinero. Cogí mi entrada y me fui a la plaza. Mi localidad estaba situada en la fila 2 de la grada del tendido 6. Dijeron que esa tarde no había habido suerte. Al día siguiente le compré todo el abono a mi compañera.

Una de las tardes de esa Feria oí el sonido de las agujas del reloj de la plaza. Claro que hasta ese día no sabía que existía. Sin embargo, esa tarde las oí. También escuché esa tarde el silencio de Las Ventas. El torero, era valiente, de los que le gustaban a mi abuelo. La plaza se venía abajo cada vez que alargaba el muletazo. Desde ese día sólo quiero volver a oír las agujas cada vez que voy a la plaza.

Como he dicho, soy enfermero y llevo trabajando con pacientes oncológicos desde hace 12 años, los mismos años que llevo yendo a San Isidro y los mismos que llevo recordando el sonido de las agujas del reloj de Las Ventas. Una tarde estaba en mi trabajo, como tantas otras tardes, y hablaba de toros en voz alta con un compañero mientras preparábamos la medicación. En ese momento pasé a una habitación en la que se encontraba un paciente, tendido en la cama esperando a que le realizáramos una paracentesis. Al pasar a la habitación, Curro, que así se llamaba el señor, se me quedó mirando fija- mente y me dijo,” ¿cómo andas en el tercio de banderillas?” Yo, con bastante naturalidad le dije: “Al quiebro, suelo dejar los palos en lo alto…”.

Así, entablamos una conversación en la que le pregunté si le gustaban los toros. Entonces él me empezó a contar su historia. Me dijo que había nacido en Córdoba. Muy jovencito se vino a Madrid por hambre (recuerdo que dijo), “después de morir mi padre”. “Comencé trabajando en una fábrica de cartón y con el dinero que me daban conseguía mandar algo a mi madre que se había quedado en Córdoba con mis dos hermanos pequeños. Las tardes las pasaba cerca del Batán, que allí no cobraban por mirar. Los niños entrenaban en la plaza y yo les miraba con entusiasmo. Una tarde cogí una muleta y me puse a pegar pases a otro niño con una bicicleta. Rondaba yo la edad de 13 años.

Sólo hay una manera de recibir a un toro bravo como éste que me ha tocao en suerte y es bajándole la mano de salida y sometiéndolo por abajo ¡Qué bonita época, sin una perra en el bolsillo, pero qué bonita época! Allí conocí a todos los jóvenes que estaban intentando ser toreros. Yo hablaba con ellos, jugaba, me reía, salía con ellos por el Madrid de los años cuarenta. Incluso participé en alguna que otra capea y, una cosa te voy a decir, no andaba nada mal con el capote”.

En ese momento, interrumpí su historia para decirle que iba a preparar la zona del abdomen para pincharle. Él, como si no me hubiera oído, me dijo “y ahora que tengo un duro en el bolsillo, viene el toro negro y me quiere echar mano. La vida, que tiene esas cosas”. Yo, mientras le limpiaba la zona con Betadine®, pensaba que no le faltaba razón. Le acababan de diagnosticar un tumor en el estómago con metástasis en varios órganos vitales. Le pregunté casi sin pensar: “¿y cómo piensas recibir a este toro negro para hacerle humillar en tu capote?” Se quedó mirándome con hondura: “sólo hay una manera de recibir a un toro bravo como éste que me ha tocao en suerte y es bajándole la mano de salida y sometiéndolo por abajo”.

Su respuesta fue valiente, torera, templada, como si en ese preciso instante se encontrara detrás del burladero, viendo al toro salir de chiqueros, dando vueltas por el albero de la plaza de la muerte. Aquella misma mañana había recibido la noticia de su diagnóstico.
Me dijeron que estaba solo en la consulta. Solo, como en la plaza, pensé yo. Conforme le íbamos extrayendo el líquido de su abultada tripa, él permanecía en silencio.

Supongo que absorto en pensamientos que yo no lograría jamás descifrar. Al acabar la técnica, Curro me volvió a mirar a los ojos con complicidad y me dijo: “te voy a pedir un favor, porque creo que eres un buen lidiador y es que formes parte de mi cuadrilla porque sé que me echarás un capote cuando me venga la fatiga”.

Aquella tarde transcurrió en silencio sin muchas más conversaciones. Al día siguiente me preguntó en qué consistía la quimioterapia. Recibió sus ciclos con temple, con la entereza que sólo un torero de los buenos sabe torear y yo procuraba hacer coincidir mis turnos con sus ciclos. Durante aquellas duras tardes de tratamiento descargó muchas de sus dudas y sus pensamientos sobre la vida, él siempre en torero, claro está, sin demostrarme que el miedo estaba presente en su mente. Sólo una tarde se derrumbó después de recibir su pronóstico a corto plazo. Esa tarde la voltereta fue tremenda y quedó bastante tocado.

Esa tarde sufrió por los que iba a dejar. Él jamás habló con los suyos de la tarde, que yo sabía y él también, que tenía firmada con la empresa que lleva la plaza más dura. De esa tarde sólo hablaba conmigo, con su “hombre de confianza”, al que eso no podía afectar, porque era un profesional. Yo aprendí a torear esas tardes, tragando saliva delante de él porque aquel maldito toro jamás humilló, porque era un toro descastao y sin raza, sin nobleza, como son esos toros que echan la cara alta desde el diagnóstico hasta la cornada mortal.

Aquella tarde me miró y supe que iba a descargar su ira conmigo. La cuadrilla está para todo, pensé, y hasta los mejores pueden claudicar. Sin embargo, rectificó a tiempo, puso su cabeza en mi hombro y le abracé. Habían tenido que pasar doce años para que yo supiera que podía abrazar a un enfermo sin dejar de ser profesional, como él siempre me decía. Le abracé y supo que esta- ría con él todas las tardes, en su cuadrilla.

Aquel día, después del mal trago, estuvimos hablando hasta el final de mi guardia de toros, faenas y de aquel torero que nos hacía oír las agujas del reloj de Las Ventas. De un torero que sabía poner de acuerdo a los del sol y la sombra en nuestra plaza. Hablamos de algunos chismes, del porqué de su retirada de los ruedos, de su personalidad, de sus amistades, de sus aficiones, del miedo que cada tarde nos hacía pasar. Todos los años aparecía la noticia de algún crítico taurino que, por tener relevancia durante unas horas, se aventuraba a decir que la próxima temporada reaparecería en no sé que plaza, pero nada de nada.

Así, pasábamos las tardes, mientras yo le administraba el maldito tratamiento, que no hacía más que embestir contra su frágil figura. Y él, tarde tras tarde, se ponía su vestío de torear y aguantaba una tras otra las coladas que le provocaba Islero, como él llamaba a lo que yo le inyectaba por su vena. Éste es el quinto, me dijo el último día, como Islero. En efecto, era su quinto ciclo. Como Islero fue el quinto aquella tarde. Los dos sabíamos de qué hablaba y, en su historia, su médico había escrito que la enfermedad había progresado. La vida, que tiene esas cosas, decía él.

Fue una mañana de invierno. Una mañana bonita y amarga a la vez. Yo llegaba al hospital mucho más contento que de costumbre porque acababa de escuchar en la radio que el torero reaparecía en La Monumental de Barcelona el 17 de junio y esta vez sí era en serio. Corrí por el pasillo para decírselo cuanto antes a Curro, sabía que esa tarde sería para él especial y se vendría arriba por aquella esperada y grata noticia.

Al entrar, mi compañero me paró en seco y me contó el parte de la tarde. Cuál fue mi sorpresa cuando su primera frase fue: “Curro se está muriendo, acabamos de sedar- lo”. Corrí a su cama sin escuchar nada más y allí estaba, con un suero en su mano izquierda dispuesto a dar cinco tandas de naturales al toro de la muerte, en la izquierda, sí en la izquierda, en la que me decía que se encontraba el dinero.

Sabía por mi experiencia, que podría escuchar mi voz y no pude contenerme. Así, intentando no herir la sensibilidad de su familia, le dije al oído: “Maestro, aquí estoy a tu lado, soy tu primero. Le voy a decir un secreto, esta temporada vamos a tener competencia, acaban de anunciar en La Ser que José Tomás reaparece. Tendremos que estar finos esta tarde”. Curro abrió los ojos y esgrimió una sonrisa para decirme lo que sólo él y yo sabíamos.

Estuve allí, a su lado, hasta que salió por un estrecho pasillo que le conducía al patio de cuadrillas. En su cara se reflejaba la serenidad y el temple de los toreros valientes, liado en su capote de paseo, con su traje negro azabache que daba el porte y la grandeza que él se merecía. Su semblante serio y su mirada penetrante reflejaban que esa tarde iba a ser importante, de las que hacen afición, la tarde en la que se anunciaba el gran torero y se iba el maestro. La vida que tiene esas cosas, decía él.

Y las crónicas dirían: ese primer toro, Curro se lo brindó a su fiel cuadrilla que tantas y tantas tardes le había acompañado por las plazas de España y se fue a los medios y lo citó de frente y enmudeció la plaza y se escuchó el so- nido de las agujas del reloj. ¡Que Dios reparta suerte!

Fuente: Diario Melilla Información. Periódico digital.